martes, 27 de noviembre de 2012

Ellos no vienen a leer, sino a hacer tareas.

Que frustrante. ¿Les interesaría, tal vez, a los maestros, reconocer que tan buenos lectores son sus alumnos? ¿Siquiera lectores son? Sabrán entender que una biblioteca es para leer, para investigar, para rebuscar, para preguntar y no para parlotear del que dijeron ayer, o cuán cansado estás porque no dormiste a causa de la fiesta de ayer.

Que no se viene a gilear chicas y mucho menos a modelar ropas y zapatos que seguro sólo sirvieron para andar sin rumbo. ¿Sabrán entender que es para mejorar, para cambiar, para crecer en una biblioteca?, desdichados aquellos que sólo miran televisión, que no conocen de la simpatía de un libro y sus letras. Que no ven más allá de grafías dibujadas como arrugas, que dicen más que toda su vida junta, que son las voces de aquellos que justamente no se hicieron escuchar por otros como ellos, que sólo saben hacer bulla.

Pocos son, pero son, aquellos que con timidez se acercan a un libro, que buscan en él respuestas; van más allá de saber cómo se llama un autor o que párrafo resume mejor toda su tarea para copiarla, buscan reconocer porque una persona opina así, que le demuestren que lo que está leyendo es verdad, y aquellos más curiosos buscan tal vez el error, no para criticar sino para aprender.

¡¡Biblioteca!! ¿Dónde estás que no te veo? En medio de tanta masa humana, que debería hacerme feliz de verla así, pero debajo de toda esa gente, no debajo de todas esas carteras con blackberrys o iphones, debajo de tanto maquillaje absurdo y de zapatillas nike, ¿Por qué no te veo alegre? Porque te veo agotada si estás trabajando. ¿Trabajo? Sí, porque si no lo fuera estarías alegre, que te usen debería ser un placer y no una obligación, malditos aquellos que dejan tareas.

Las tareas no se hacen en casa, no se hacen en la biblioteca, se resuelven en el aula. En qué momento creyeron que los alumnos harían las cosas solos.

Perdidos están….tareas al diablo.