Que no se viene a gilear chicas y mucho menos a modelar
ropas y zapatos que seguro sólo sirvieron para andar sin rumbo. ¿Sabrán
entender que es para mejorar, para cambiar, para crecer en una biblioteca?,
desdichados aquellos que sólo miran televisión, que no conocen de la simpatía
de un libro y sus letras. Que no ven más allá de grafías dibujadas como arrugas,
que dicen más que toda su vida junta, que son las voces de aquellos que
justamente no se hicieron escuchar por otros como ellos, que sólo saben hacer
bulla.
Pocos son, pero son, aquellos que con timidez se acercan a
un libro, que buscan en él respuestas; van más allá de saber cómo se llama un autor
o que párrafo resume mejor toda su tarea para copiarla, buscan reconocer porque una persona opina así, que le demuestren que lo que está leyendo es
verdad, y aquellos más curiosos buscan tal vez el error, no para criticar sino
para aprender.
¡¡Biblioteca!! ¿Dónde estás que no te veo? En medio de tanta
masa humana, que debería hacerme feliz de verla así, pero debajo de toda esa
gente, no debajo de todas esas carteras con blackberrys o iphones, debajo de
tanto maquillaje absurdo y de zapatillas nike, ¿Por qué no te veo alegre? Porque
te veo agotada si estás trabajando. ¿Trabajo? Sí, porque si no lo fuera
estarías alegre, que te usen debería ser un placer y no una obligación,
malditos aquellos que dejan tareas.
Las tareas no se hacen en casa, no se hacen en la
biblioteca, se resuelven en el aula. En qué momento creyeron que los alumnos
harían las cosas solos.
Perdidos están….tareas al diablo.

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